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El 25 por ciento de los colombianos duerme mal, a causa del estrés emocional

Dormir mal es perjudicial para la salud. Sus efectos no solo pasan por la reducción del estado de alerta, la somnolencia diurna y las alteraciones en el estado de ánimo.

También aumenta el riesgo de sufrir problemas cardíacos, causa envejecimiento prematuro e incluso induce al cerebro a producir menos células nuevas, de acuerdo con investigadores de la Universidad de Princeton (Estados Unidos).

La influencia de los trastornos de sueño en el estado de salud de las personas es de tal tamaño, «que distintos estudios han encontrado una estrecha asociación con otras enfermedades, como la depresión y la ansiedad», asegura Franklin Escobar Córdoba, profesor de psiquiatría de la Universidad Nacional.

Lo preocupante es que el insomnio se está convirtiendo en un motivo cada vez más frecuente de consulta.

De acuerdo con Escobar, somnólogo y presidente de la Fundación Sueño Vigilia Colombiana, «la prevalencia de insomnio a lo largo de la vida es aterradora: el 25 por ciento de los colombianos lo sufre y alrededor del 10 por ciento presenta un tipo grave de esta alteración, que requeriría una valoración en un centro de sueño. Menos del 1 por ciento recibe tratamiento».

El estimado colombiano se acerca a la cifra aportada por la Academia Americana de Psiquiatría, según la cual un tercio de la humanidad tiene problemas para dormir bien.

La Fundación Nacional de Sueño de Estados Unidos calcula, de hecho, que el 20 por ciento de los ciudadanos de ese país duerme menos de seis horas cada noche. El número de afortunados que duerme siete 7 u 8 horas (que es lo recomendado) es menor al 30 por ciento.

El insomnio no solo se define como la incapacidad para conciliar el sueño o para mantenerlo; también como la mala calidad en el dormir o el tiempo escaso dedicado a esta función.

Aunque la gente tiende a darle poca importancia cuando se presenta en forma esporádica, lo cierto es que la falta de sueño se refleja al día siguiente en una jornada diurna pésima: irritabilidad o mal genio, dolor de cabeza, problemas gastrointestinales y dificultad para concentrarse y recordar cosas sencillas, son algunas de las consecuencias que deja una mala noche.

Insomnes son distintos

De acuerdo con los expertos, el insomnio se clasifica, en primer lugar, por su duración. Si se habla de un trastorno de pocos días se trata de un insomnio ocasional o transitorio; si dura hasta cuatro semanas se considera que es de corta duración, y es crónico o de larga duración cuando supera el mes.

Ocasional o transitorio: es el de mayor consulta. Entre los factores que desencadenan este trastorno están las situaciones de estrés emocional agudo, la presencia de ruido insoportable (vivir cerca de aeropuertos y discotecas, por ejemplo) o sentir calor excesivo.

También puede ocurrir durante los primeros días en personas que cambian de clima frío a cálido y viceversa, y en viajeros que atraviesan varios husos horarios (síndrome de Jet Lag).

Corta duración: se cuentan como causas el estrés emocional (problemas familiares o profesionales, pérdida de un ser querido o crisis económicas) y la enfermedad médica general; algunos estudios indican que la prevalencia de este trastorno en pacientes hospitalizados es cercana al 80 por ciento.

Crónico: se calcula que de un 10 a un 20 por ciento de los afectados por insomnio tienen un cuadro clínico severo y crónico. El desencadenante es el estrés emocional crónico, es decir que se presenta por situaciones como la muerte de algún ser querido o las crisis personales.

La mitad de los insomnes crónicos presentan enfermedades psiquiátricas, como ansiedad y depresión, o consumen sustancias psicoactivas; la otra mitad padece trastornos específicos del sueño, como la apnea obstructiva (suspensión abrupta de la respiración).

¿Y el tratamiento?

No hay píldoras milagrosas contra este trastorno. El tratamiento depende, en primer lugar, de la identificación de la causa. Eso se hace mediante examen con especialistas y una polisomnografía o estudio de sueño.

Luego se fija el tratamiento, que puede ser con fármacos, terapia comportamental y uso de aparatos para corregir problemas físicos, como la apnea.

Higiene para un buen sueño

 Intente acostarse y levantarse siempre a la misma hora.

 Invierta las últimas horas del día en actividades placenteras que lo relajen.

 No haga ejercicio por lo menos cuatro horas antes de acostarse, ya que el cuerpo se pone en actividad.

 Evite el consumo de estimulantes como café, té o gaseosas oscuras. No fume.

 No tome demasiado líquido antes de ir a la cama; eso activa el metabolismo.

No se acueste con hambre, pero tampoco coma pesado. Una comida ligera o un vaso de leche caliente pueden ayudarle a dormir.

 Mantenga su cuarto a una temperatura cómoda.

 Elimine toda fuente de ruido y de luz.

 Relájese antes de dormir, intente ‘desconectarse’ de los problemas del día, disminuya el estrés.

 No se esfuerce demasiado en quedarse dormido; si no puede hacerlo no dé vueltas en la cama, levántese, lea un libro o escuche música hasta que sienta sueño.

 Consuma alimentos que contengan triptófano, como la leche y el banano, y no se automedique.

pasan por la reducción del estado de alerta, la somnolencia diurna y las alteraciones en el estado de ánimo.

 

 

Fuente:

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-5549697

 

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